Director: Alberto de Jesús
Este verano viene igual o más caliente que el del año pasado. Por un lado, las cosas buenas: la selección española de futbol ha ganado el mundial y todos estamos de enhorabuena. Por unas semanas todos hemos vuelto a presumir de bandera y los separatistas y demás calaña han tenido que tragar. Por otro, van a haber más toros que nunca, y eso a pesar de los precios del campo, y eso es bueno. Y las cosas malas: De nuevo, con alevosía y premeditación, y seguramente con nocturnidad, los políticos antitaurinos, (separatistas, independentistas y demás aprovechados de este gobierno Frankenstein), han vuelto a la carga de una batalla perdida que se creen que con esta acción van a convencer a alguien, o como mínimo, justificarse ante los suyos.
Estos grupos políticos han vuelto a presentar en el Congreso la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) ‘No es mi cultura’. Los 52 escaños que han devuelto el respaldados por más de 715.000 firmas ciudadanas— (Entre San Isidro y Fallas ya los superamos en asistentes), para revisar la de la Ley 18/2013, que declaró la tauromaquia como Bien Protegido por el Estado.
Elevar la tauromaquia y los festejos populares a rango de Patrimonio Cultural mediante la Ley 18/2013 no fue un mero capricho legislativo, sino un acto de justicia hacia una manifestación universal que ha inspirado a poetas, pintores, músicos y cineastas a lo largo de los siglos. Desde Lorca hasta Picasso, la lidia ha sido entendida como un rito único donde se entrelazan el valor, la estética, la tragedia y la belleza. Pretender despojar a los toros de su reconocimiento cultural equivale a amputar una parte fundamental de la memoria colectiva y artística de nuestro país.
Más allá de su dimensión simbólica, la tauromaquia representa un motor económico de primer orden para decenas de comarcas rurales. El sector taurino genera miles de empleos directos e indirectos, fija población en la España vaciada y es el auténtico garante de la sostenibilidad del toro de lidia, un animal único en el mundo cuya crianza preserva millones de hectáreas de dehesa ibérica, un ecosistema de incalculable valor ecológico y biodiversidad.
Asimismo, defender la tauromaquia es defender la libertad individual y el pluralismo de una sociedad democrática. Ninguna imposición ideológica debe decidir qué manifestaciones artísticas o populares tienen derecho a existir. Millones de aficionados de todas las edades acuden cada temporada a las plazas de todo el país, demostrando la vigencia y vitalidad de una afición que se transmite con orgullo de generación en generación.
Quienes apoyan la fiesta en las instituciones ejercen una defensa legítima de la diversidad cultural y de los derechos de los ciudadanos a disfrutar de sus tradiciones. Proteger el toro es proteger la libertad de elegir, respetar la riqueza territorial de España y salvaguardar una de las artes más singulares y auténticas del mundo. En un momento de uniformidad global, la tauromaquia se alza como un símbolo indiscutible de identidad, raíz y libertad.
Por otra parte, las cuatro agrupaciones más representativas de los Bous al Carrer de la Comunidad Valenciana: Asociación de Bous al Carrer, Federación de Peñas, Asociación de Emboladores y Asociación de Toro en Cuerda van a presentar demanda judicial para recurrir el último Decreto de Bous al carrer que en algunos puntos no acaba de convencerlos.
La frase: “Un verano tan intenso puede hacer que las malas ideas se derritan bajo el sol”
